No sé si voy o vuelvo de la facultad, pero me encanta este camino de noche, no es exactamente el mismo camino que hago en la vida real. Este es más largo, con árboles, jardines, oscuridad y recovecos.
La luz de las farolas es color ámbar.
Al pasar el muro de ladrillo rojo la visión de tu silueta recortada al pie de la fuente me corta la respiración y el dominio de mis instintos. ¿Cómo puedes tener la cara de presentarte ante mi? Porque sé que me estas esperando, sé que el encuentro no es casual, y sé que te lo voy a echar todo en cara en el momento que me des la oportunidad.
Siento el palpitar en las sienes mientras ando atropelladamente hasta ti.
“Hola”
Tu tono me desconcierta y me quedo muy quieta. Clavas tu mirada en la mía con sinceridad. No me mires así, yo quiero hacer que los errores te exploten en la cara pero si me miras así ya no me atrevo.
“Te he echado de menos”
“Yo también a ti” - ¿Pero qué coño estoy diciendo?
Te vas acercando muy despacio. Decidido pero con cautela. Yo sigo consternada y me ablando por momentos.
“¿Podemos volver a ser amigos?”
“Si, no sabes cuanto llevaba esperando esto…”
Tú te sigues acercando y alzas la mano para acariciarme. Y te acercas, y te acercas, Y TE ACERCAS. Me quedo sin habla y entonces me besas. Es fugaz, pero yo he notado la humedad y a lo que sabe tu boca, sin darme cuenta he cerrado hasta los ojos.
Me asusto mucho y me voy, me voy, ME VOY CORRIENDO. Corro, y mientras corro me arrepiento, me arrepiento, ME ARREPIENTO. ¿Cómo he podido ser tan gilipollas? No te mereces mi perdón, y ni mucho menos un beso. Demonios, no era este el plan. El plan era que yo te gritaba y tu suplicabas, pero yo no cedería jamás, jamás. Y tú vivirías tu vida y yo la mía, y no nos volveríamos a encontrar.
Unas horas más tarde vuelvo furiosa sobre mis pasos. Esto no puede quedarse así. Cuando voy llegando otra vez a la fuente tu sigues allí, estas hablando con alguien pero se va cuando yo me acerco. He venido a decirte que…
“Oye mira, esto no es justo. Creo que me merezco una explicación por todo lo que me has hecho sufrir.”
Me miras pidiéndome compasión.
“Luciano, ¡es que yo todavía no puedo entender porqué…!” – Pero me callo… Porque ahora me miras dándome esa explicación. Y mis sentimientos se contradicen. Yo estaba riñéndote pero ahora me estas diciendo con los ojos que me quieres, y yo, y yo, y YO… me dan ganas de besarte de repente. Otra vez me arden las sienes.
Me acerco a tu cara despacio, rozo tus labios con los míos levemente, me aparto un poco porque dudo. Tú estás ahí, quieto, pero el ruido de tus pulsaciones me abre el camino correcto. Ahora sí, TE BESO.
[29 de diciembre de 2009]
0 dejabus:
Publicar un comentario