18.9.13

Experiencia Nº ???


¿Cuántos sueños y pesadillas habré tenido desde que no escribo? A saber.
Ya no tengo unas pretensiones tan altas como antes hablando sobre mi vida onírica, ya no busco el por qué, ni identificar símbolos, ni leer el futuro cercano en mis experiencias nocturnas. Hoy vengo a escribir porque necesito desahogarme y ha llegado un momento de mi vida en el que las RRSS se me antojan demasiado formales porque tengo que ir ligándolas poco a poco a mi vida profesional. Dar una imagen concreta de mi misma, callarme más mis sentimientos, lavar los trapos sucios más dentro de la casa que fuera y todas esas cosas. Y se me hace un poco asfixiante todo eso, así que cual gatillo erizao me he venido aquí, que ya no lee nadie, y que puedo soltar mi batiburrillo sea cual sea...
¡Así que voy a vomitarlo todo! ¡Que ya me estaban empezando a salir úlceras en el estómago y a encharcárseme los pulmones de no llorar!

Procedo,

NOCHE del 16 al 17 de septiembre del 2013

Las amistades que me rodean y el ambiente erótico-festivo erasmusero me sugieren un ambiente muy juvenil, muy adolescente como cuando todo era descubrir, contarse secretitos y estar atenta a todas las miradas de los chicos por si la mía se cruzaba con la de algunos ojos bonitos.

Pero es de noche, y está muy oscuro, y cuando está tan oscuro esa densidad del negro solo puede significar que los sentimientos de tristeza, angustia, ,desasosiego y culpa están rondando.

Hay un chico con el pelo tan oscuro como la noche al que conozco demasiado bien (o eso me creo) y que no viene a las fiestas, ni se ríe una sola vez. Se queda en el balcón mirando la luna, muy triste, a lo mejor está pensando en mi.

21.2.12

Estímulo Nº 4

Hoy he sido verdaderamente consciente de que hay gente que sigue leyendo por aquí...




¿Hora de volver a mirar hacia mí misma?



18.2.11

Experiencia Nº 37


La violación en un sueño simboliza una pérdida de poder, de control de unos hechos o de todo en general. Estás viviendo una situación en la que tu amor propio se siente herido. También puede indicar que te has negado a prestar tus servicios o a ayudar a alguien y ahora experimentas un complejo de culpabilidad. Te atribuyes hechos que no has protagonizado. Exiges lo que no te corresponde, pero, a la vez, te sientes mal por ello. Sabes que no eres justo. Ante todo, piensa que deberás limpiar tu conciencia de ciertos actos que te reprochas. 



:(


[18 de febrero de 2011 en cama ajena]

11.1.11

Experiencia Nº 36

He leído por ahí que el dragon representa la parte más caótica, violenta y visceral de nuestro Yo, que si te enfrentas a él te enfrentas a ti mismo, que si lo derrotas te irá bien y que si te mata estás sufriendo autodestrucción. Pero no he encontrado en ninguna parte que significado tiene la historia cuando en ella en vez de luchar, ganar o perder, simplemente huímos de él. ¿Huyo entonces de mi caos, de mi odio, de mi violencia y de mi propia angustia?

Según la tradición china, el dragón representa la fuerza interior que en un momento de la vida te está faltando ante situaciones aparentemente irresolubles. A lo mejor hay que hacerse amigo del dragon...



[soñado la madrugada del 10 de enero]

20.11.10

Experiencia Nº 35

Me distorsonia que aparezcas cada tanto a plantearme el dilema de qué hubiera pasado si tu y yo nos hubieramos besado alguna vez.

Tu debiste estar debatiéndote mucho tiempo. Yo tuve que perderte para entenderlo.

Espero que se te esté disolviendo poco a poco el concentrado de rencor.



[Paris, madrugada del 20 de noviembre de 2010...]

7.11.10

Experiencia Nº 34

Como en la vida real, a veces uno espera promesas que nunca podrán cumplirse. El matrimonio es uno de los compromisos más difíciles de satisfacer, es una promesa que a menudo pienso que no llegará para mí. 

Esta noche era mi boda, había una cita a la que aparecer y un compromiso mutuo por el que luchar. Pero el novio había desaparecido, nadie sabía donde estaba, ni siquiera yo. LLegó muy tarde con excusas que de poco servían.

Madonna era la madrina, llevaba dos horas vestida como una oscura condesa para llevarme elegantemente al altar. Mi vestido no llegó a salir de la bolsa de la tienda. 

Hasta Guillermo llegó antes al evento.

Todos mis amigos se pasaron la noche preocupados, llamándome y buscando al novio.

El novio llego tarde, muy tarde. 

No creo que hubiera boda.

[soñado en París la madrugada del 6 al 7 de noviembre...]

Experiencia Nº 33

No sé si por conflicto de intereses o por falta de comprensión has decidido ir a un concierto en vez de venirte conmigo al cine. Alegas que ya habías quedado antes con tus colegas, pero sabes que llevamos un tiempo sin vernos y que te echo de menos. Yo creía que tu también me echabas de menos a mi...

La sala del cine está repleta, es el estreno de la película. Los asientos no están numerados así es que busco un hueco por donde puedo y me siento al lado de un hombre extrangero moreno de unos cuarenta años. Empieza la película, todo está a oscuras. El señor de mi lado apoya su cuerpo sobre el reposabrazos que está más cerca mío, y a los pocos minutos escurre su brazo derecho hacia un lado posando su mano sobre mi muslo. Mi frustración y mi impotencia es inmediata, solo puedo reaccionar levantándome y yendome de la sala. Demonios, de verdad quería ver esa película, tanto como para ir sola porque tu no querías venir conmigo. Pero por culpa de un desgraciado cualquiera tengo que salirme de la proyección mientras tu te lo pasas bien en un concierto.

Por lo visto el cine y el pub están en el mismo edificio, así es que después de mi disgusto decido subir a la planta de arriba en busca del puto concierto, aunque no sé muy bien para que voy. Cuando me asomo por la puerta te veo de colegueo, estais un grupo de tios sin camiseta disfrutando a tope del momento, pavoneandoos delante de las tias, muy a lo Dorian Gray. Intento escrutar tu cara buscando algún signo de que te acuerdas de mi, de que piensas en mi, de que me echas de menos, de que me necesitas contigo, pero no lo encuentro... Así es que cojo la puerta y me voy con la desilusión más grande de este mundo.

[soñado en París la noche del 4 al 5 de noviembre, creo...]

5.11.10

Experiencia Nº 32

Y ahí estoy yo sentada en la arena de cara al mar, un día brumoso muy temprano por la mañana. Todavía no me explico como hemos terminado yo y un cadaver en el mismo lugar. Aunque quiera hacer caso omiso y prefiera mirar al horizonte en mi visión periferica sigue apareciendo esa forma humana tumbada en el suelo, así es que como no me queda más remedio, empiezo a divagar... Al principio creo que me estoy imaginando como ha sido su muerte, pero no es una imaginación, es una visión, no es un recuerdo, porque los recuerdos se refieren a hechos que se han vivido en primera persona, y yo no estaba cuando él murió, pero lo sé todo con pelos y señales, y lo puedo visualizar en mi mente. No es un recuerdo, es una visión, yo sé como ha muerto.

Yo estaba paseando por la playa cuando me encontré con el cadaver este, su padre lo ha dejado aquí solo después de "rescatarlo" porque habrá ido en busca de la policia o del forense. Hace horas ya era de día. Alonso iba en el coche con un amigo, creo que volvían de fiesta, no sé si estaban apostandose algo o simplemente iban borrachos, o ninguna de las dos cosas. Alonso iba de copiloto. Su amigo giró bruscamente el volante a la altura del puente que pasa justo por encima de la desembocadura del río, varios metros antes de entrar a la ciudad. El coche simplemente se precipitó sobre el agua, puedo verlo caer lentamente... Puedo verlo desde fuera, pero también puedo ver lo que ocurre dentro. Alonso piensa que podrá romper una ventana o abrir una puerta, pero después de sumergirse en el agua el coche se inunda inmediatamente. Así, sin más, no hay oportunidades para nada, simplemente todo se inunda y Alonso deja de respirar.

Su padre, que por casualidades de la vida conducía por la misma carretera unos metros más atrás, ve una matrícula conocida zambullirse en el mar. Para inmediatamente su coche y salta desde el puente tan rápido como sus nervios le permiten reaccionar. Bucea veinticinco metros bajo agua porque sabe que su hijo está allí. Lo ve morir a través de la ventanilla, sin poder hacer nada. El padre de Alonso se está quedando sin aire así es que sube a la superficie. Sabe que su hijo ya está muerto pero coge aire de nuevo para volver a intentarlo. Esta vez consigue abrir una puerta y sacar a su hijo. Pero ya estaba muerto, así es que mientras llora y el mar se le antoja injusto e impasible, nada y nada en busca de la playa, a unos diez o veinte kilómetros lejos del puente. Justo donde él salió del agua y acomodó el cadaver de su hijo es donde yo me encuentro. Visualizando una muerte, viendo pasar cada escena como si fuera una película.

Ya dentro del agua, antes de morir, Alonso miró descompuesto a su amigo con sus enormes ojos azules como diciéndole "Podemos hacer algo, ayúdame a abrir esta puerta", a lo que su amigo contestó con una leve negación de cabeza... Lo último que vio fue algo que se movía al otro lado de la ventanilla.

Alonso es el sobrino de mi madre en la vida real. Pero yo no sé por qué lo he matado en sueños.

[soñado en París, la noche del 3 al 4 de noviembre, creo...]

30.6.10

Experiencia Nº 31

Ya sé que te has acostado esta noche con un mundo hirviendo en el pecho, sé que has sonreído y llorado sin darte cuenta de si estabas dormitando o en fase REM, sé que el colmo de tantos sentimientos se merece un par de noches tranquilas, sé que quieres tu espacio para pensar en ellos. Pero hola de nuevo, soy Caos, Niebla, Angustia, Tristeza, Inseguridad, Soledad, Oscuridad y Miedo. Soy tu Pesadilla: así es que despierta, Violeta. Porque se está resquebrajando la madera...
Abro los ojos encima de una especie de balsa de madera mal construida o una barca rota. Estoy empapada y el pelo se me pega a la cara. La tormenta es monumentalmente peligrosa en medio de tanta mar y Hagrid me grita que me levante de una vez para echarles un cable a él y a Harry. Nos vamos a pique así es que, antes de que este trozo viejo de madera se parta o nos trague una ola, vamos a tener que saltar al tejado de alguna casa. Cualquiera diría que estamos viviendo el mismo instante de un tsunami mezclado con un monzón tropical. 
Y efectivamente, salto. Y voy a parar a una casa donde la vida es gris, donde la abuela está enferma, los padres son unos abúlicos y escondemos a la hermana discapacitada para que nadie pueda verla. Dentro de todo ese filtro brumoso asfixiante alguno de mis amigos debe haberse percatado de mi malestar y deciden organizar un pic-nic en el bosque junto al pueblo -vivimos en un pueblo pequeño-. Álvaro Aguilera es quien  se cruza conmigo en el rellano de la escalera de nuestro bloque y me lo cuenta, quedamos para más tarde. Cuando salgo a la calle me encuentro a mi madre, a Álvaro y a otra poca de gente más pendiente de un gato que está apunto de caerse del quicio de una ventana. Hasta que se cae. Se cae y se hace mucho daño, y yo soy quien corre primero a cogerlo, a recogerlo, a acogerlo, a cuidar de él. Me pongo a llorar con el animal en los brazos, no sé cómo curarlo, no es que piense que las lágrimas van a sanar las heridas pero me siento tan impotente que sigo llorando. Yo no quiero que le pase nada, no quiero que le pase nada, no quiero que se muera, no quiero que se muera, así es que lo abrazo con mucho cuidado y froto mi cara con la suya por si así entiende cuanto deseo que viva.
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Voy patinando por la ribera tan torpemente que a nadie se le ocurriría pensar que llevo toda mi vida practicándolo. No controlo la velocidad ni el equilibrio, y como patino por la carretera provoco varias oportunidades de accidente. Con mucho esfuerzo llego a la altura de la Plaza del Potro.
Caballero está allí sentado en la terraza de la Ayesta con sus amigos de la hipnosis y se levanta a porculizarme un rato. LLeva una chilaba blanca, me hace un par de preguntas pero le respondo cortante porque no quiero empezar una conversación con él, no me fío una mierda...
Me quito los patines desgastados y los dejo cerca del barro, junto a la carretera. He quedado para hacer botellón con unos antiguos amigos que están en la acera del frente cruzando el asfalto. Me muevo hasta allí y encuentro a Claudio y Nerea sentados en el poyete. Nerea está muy seria, algo parece que no va bien. Cuando pregunto Claudio me señala con la cabeza donde están sentados el resto de la gente. Me acerco al resto del grupo y todos están reaccios, estúpidos y gilipollas con la presencia de Nerea. Dekar no deja de decirle que es una cría y que no es como él se la esperaba, así es que no para de intentar manipularla y meterle ideas absurdas en la cabeza. Saray y Marta la llevan criticando un rato en su cara, incluso cuando me acerco a preguntarles hablan en voz alta como si tal cosa. No los entiendo. Están todos fatal, están idos de la almendra, y por más que trato de intentar razonar siguen con esa actitud hiriente y detestable. Yo me preocupo por Nerea, esta situación es insostenible, es una puta mierda, y como se ponga a llorar va llegar definitivamente la hecatombe. Y efectivamente, llora. Porque ella tampoco lo entiende, porque lo único que ha hecho es ser ella misma y ni siquiera así es suficiente. Claudio no deja de abrazarla, hace de escudo contra todas esas palabras contaminadas, esas miradas de envidia, y recoge todas sus lágrimas mientras le susurra palabras de consuelo al oído. Yo me siento desconcertada, impotente, frustrada, y tengo ganas de gritar y de llorar. No hay célula en mi cuerpo en este momento capaz de soportar lo que estoy presenciando por parte de los que yo creía mis amigos. No hay derecho. Me pongo a gritarles a todos llorando de rabia que me siento decepcionada, que jamás lo hubiera esperado de ellos. A Marta y a Saray sobretodo les digo que son unas brujas con la lengua bífida, que tienen la sangre fría y veneno en los dientes como las serpientes, y que me dan asco. La angustia me ahoga el llanto y las palabras, no sé qué más hacer para solucionarlo, no quiero que Nerea se caiga, no quiero que vuelva a estar mal, no creo que se merezca nada de lo que está pasando. Nadie conoce una mierda de cómo es y se permiten el lujo de juzgarla. Claudio, el perfecto representante de la coherencia y la mesura nos aparta lejos de ese tumulto oscuro y nos lleva al centro de la plaza. Nerea está fatal y necesita llamar a Seci para que venga y puedan charlar. Yo empiezo a sentirme incómoda y sin decir nada me voy en busca de mis patines. Quiero salir de allí corriendo, no quiero que Seci me vea así, Nerea le necesita ahora más que yo. Me doy prisa por si llega y me ve allí pero cuando voy a cogerlos mis patines están rotos. Estupendo, no  hay manera de huir... Me escondo doblando la esquina de la Ayesta, de cara al río, y me asomo a la plaza con cuidado para ver si Seci ha llegado. Más angustia, más tristeza, este no es mi lugar. Me siento sola. Llamo a mi madre, a mi consuelo, para que me rescate, pero en el primer tono el móvil se queda sin batería. Me siento aún más sola. Ha sido un día de mierda pero no puedo derramarlo todo encima de Seci. Este no es mi lugar. Vuelvo a asomar la cabeza a la plaza, si no me voy ya Nerea le va a decir donde estoy... Pero no soy capaz de hacer nada, me quedo allí mirando a la Ribera, llorando por muchas cosas. Sobretodo porque pronto me iré a París. En todo este rato desde que llegué al botellón se ha terminado haciendo de noche... Algo brilla tímidamente en el cielo, una estrella fugaz que cruza la ribera de punta a punta, lo suficientemente lenta como para darme la oportunidad de pedir un deseo. Recuerdo que en San Juan pedí que se arreglara la relación con mi madre muy a mi pesar de dejar a Seci en un segundo plano. Pero esta vez no, esta vez le pido a él, pido que lo que sentimos no se rompa y que salga todo bien. Porque aunque ahora esté aquí escondiéndome detrás de una esquina él puede ser la razón de mi felicidad, él puede hacerme feliz de verdad. Al igual que a esa estrella fugaz, puedo elegirle, o puedo dejarle pasar. Y entonces aparece doblando la esquina con la ropa que suele llevar en los sueños donde más le quiero, una vez más... como no podría ser de otra manera.
[soñado la madrugada del 30 de junio de 2010...] 

4.5.10

Experiencia Nº 30

Pero, pero... Pero ¿cómo puedes seguir rechazándome?


Maldito alternativo, ¿de qué tienes miedo?












[soñado la madrugada del 4 de mayo de 2010]

11.4.10

Estímulo Nº 3


El Palacio Ideal de Ferdinand Cheval, Hauterives, Francia.
Relacionado con Experiencia Nº 29.

Experiencia Nº 29

Recogemos frambuesas en la casa de campo de alguien, igual que si de nuestra granja del Facebook se tratara.
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En el metro de París me planteo como voy a orientarme cuando salga a la superficie. No llevo mapa, estoy sola, pienso que lo más viable es ir pendiente de los edificios más altos, una vez los identifique será mucho más fácil saber qué hay al rededor.

En la calle el cielo está igual de nublazo que siempre y el frío entumece mi cara hasta que me acostumbro. Estoy sola, no conozco a nadie y lo único que sé es cómo volver a mi casa. Sé que he venido al centro a hacer algo, pero ahora mismo no recuerdo qué. Estoy en una plaza, y en esa plaza montones de transeuntes miran al cielo preocupados porque una enorme grua no deja de tambalearse sobre nuestras cabezas. Es una grua amarilla con un cargamento de enormérrimas varas de metal colgando en un extremo. El tiempo que tarda en recorrer la plaza entera se me hace eterno, pero me quedo mucho más tranquila cuando desaparece el gran brazo que amarra la posible masacre que yo por mi cuenta me imagino.

Cuando dejo de prestarle atención a la grua enorme es cuando me percato de que estoy delante de la mayor y más preciosa Ópera de Europa, y no es la Ópera Garnier, es una Ópera que no está en los libros de historia y que nadie conocería aunque yo dijera su nombre. Porque es MI ópera, es la ópera ideal de París, es una mole arquitectónica ecléctica y oscura llena de columnas de mármoles de todos los colores que existen. Mientras recorro sus laterales encuentro columnas de más y más colores, y luego dejan de ser de mármol para convertirse en verdaderos pilares de arte contemporaneo: hay columnas formadas por las pequeñas Torres Eiffeles que venden a los turistas, hay otras formadas por clips de colores, otras formadas por pelotas de fútbol o pelotas de playa, otras formadas por terracota al modo de la Sagrada Familia de Barcelona. Todo este caos artístico-kitch me recuerda al Palacio Ideal del cartero Cheval, pero a MI manera. Y me encanta, porque ocurra lo que ocurra, sólo yo tendré la clave para construir la Ópera Ideal de París.
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Juanito y yo tomamos café en una terraza con Nerea, Toñi y Akitina como si lo hicieramos todos los días, como con amigos de toda la vida,  con esas risas, chistes, complicidades... Nerea es quien menos habla y me mira tímida por debajo del flequillo, pero está aquí, que es lo importante, y yo sé que terminará sintiéndose cómoda a mi lado.

Después de media tarde hablando de todo y de nada, de disfrutar del sol y de fijar hora para quedar al día siguiente, las tres chicas se levantan, y mi mayor sorpresa llega en este momento cuando las tres se ponen a trotar saltando a la vez y reproduciendo con los pies el saludo que Harry y Juanito inventaron en París. ¿Cómo lo conocen ellas? Se han dado cuenta de que nos gusta la anécdota y vuelven más de cinco veces hacia atrás para volver a repetir el espontáneo trote junto con la palmada de pies. 

Mientras se alejan definitivamente yo pienso en las fortísimas conexiones que hacen que personas que han estado en lugares diferentes en el mismo momento compartan un vínculo especial.




[soñado algún día de marzo de 2010...]

16.3.10

Estímulo Nº 2



De cómo un ratilla metió cinco kilos de azúcar en un tarro donde sólo cabe uno... (relacion con Experiencia Nº 28)

Experiencia Nº 28

 ¿Te acuerdas de aquella charla en el Open cuando todos creían que algo iba mal y que yo iba a hacerte daño?

Pues esta noche he estado en ese billar otra vez, y tú llevababas tu chaleco negro sobre tu camiseta básica blanca. Tú sólo sabías mi nombre, yo hacia tiempo que me había fijado en ti. No sé si jugabamos en la misma mesa o en mesas distintas, pero hubo un momento en el que todo se paró para mi, en el que sólo te veía a ti. Entonces andé hasta donde estabas tú inclinado sobre la mesa de billar, y cuando te incorporastes mis ojos brillantes te estaban esperando para acompañarme al decirte...

"Álvaro, te quiero"
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¡Violeta! ¿A que no sabes lo que he hecho? ¡He conseguido meter cinco kilos de azúcar en el tarro del azúcar!
¿Qué dices Juan? Deja de timarme que no estoy pa pegos...

¡Que no Violeta, en serio, te juro que los he metido! 

¬¬ que pesao...

En serio mira, que te lo voy a enseñar, ven a la cocina.

Yo no voy a ninguna parte, paso.

* entonces vas tú a la cocina y traes sonriéndo el bote de azucar lleno hasta arriba*

Juan, ese es el bote de siempre, lleno como siempre. *así es que pones el bote en mis manos, y cuando lo cojo con confianza casi se me escapa de las manos, pesa cinco veces lo que debería*

Parece que una vez más llevas razón...






[madrugada del 16 de marzo de 2010]

Experiencia Nº 27

El sol radiante de una mañana de primavera me despierta tumbada en el porche del patio común de mi casa. Hmmmm, el sol, cuánto tiempo sin que me acariciara la cara... 
¡Anda, mira! Justo a mi lado hay una pelota saltarina azul del tamaño de una naranja. De repente cae otra verde del cielo. ¿Hum? Y a los pocos segundos cae otra de color rojo, y luego otra naranja, y otra amarilla, y otras dos o tres azules, y una rosa; y dos verdes, una amarilla y otra naranja, y empiezan a botar y a repartirse por todo mi patio igual que en el spot de Sony Bravia cuando las pelotas cubrían las calles con montones de lunares de colores.
Entro corriendo en casa para enseñarle a mi madre lo que está ocurriendo.

(Estoy segura de que este sueño es una asociación entre la lluvia de huevos que me contaron  anoche Seci y Anselmo, el spot de las televisiones Bravia y el sol despertándome de verdad por la mañana... xD)
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Vivo (no se por cuánto tiempo) en la habitación de algo parecido a una residencia junto con otra chica (que por lo visto es una gran amiga). Si abro la puerta de mi humilde morada voy a parar a otra habitación compartida, y así debo de pasar por unas cuantas hasta poder llegar al cuarto de baño y más adelante a la "calle", donde desde fuera el edificio en el que vivo parece una nave industrial prefabricada en medio de ningún sitio, porque realmente no sé lo que hay al rededor, sólo conozco el patio exterior con suelo de cemento delimitado por enormes puertas de chapa. A veces creo que vivo en una cárcel.

A ti, acabo de conocerte, pero ya te quedas todas las noches a dormir. Al principio era por gusto pero ahora se parece más a una necesidad, mi alma no se queda en paz si no te abrazo por las noches y me acurruco sobre tu pecho.
 
Hablamos, hablamos tanto que me cuentas que nunca has besado de verdad a otro chico. Yo, sorprendida y entusiasmada te incito a que lo hagas con el próximo chico que veas y que se fije en ti. Tu te muestras bastante reticente así es que la conversación se queda en el aire, pareces tener muy claras tus preferencias sexuales.

Esa misma tarde salgo a tomar el sol al patio de la "carcel", y al volver te encuentro en la habitación contigua a la mia comiendote la boca sulfuradamente con uno de los chicos que viven en la residencia. Vosotros no os inmutais cuando yo paso delante vuestra y me quedo mirandoos, teneis los ojos tan cerrados y estais tan concentrados el uno en el otro que dudo siquiera que oigaís más allá del chapoteo de vuestras lenguas.

Me voy a mi habitación  y pienso en lo que he visto, jamás había sentido tanta envidia al ver a dos personas besarse, a mi no me besas así aunque me desmuestres todos los días que me quieres. Porque yo sé que me quieres, sé que me tienes cariño, pero esa pasión... Esa pasión no es mía, ¿por qué?

Al cabo de un largo rato entras pletórico en mi habitación, yo te pregunto cómo ha sido, qué has sentido, si te ha gustado. Me dices sonríendo de oreja a oreja que ha estado bien, pero que no es para tanto, sólo una experiencia más. Yo finjo que me lo creo y te sonrío con supuesta aprobación.

Al día siguiente, al volver del patio te veo otra vez con ese chico. En la ducha, con la cortina descorrida, delante de todo el mundo. Interesante forma de quererse sin tapujos. No parais de reiros y de acariciaros, de restregaros el uno contra el otro, de frotaros, limaros y deshaceros de cada típico tópico impuesto por la sociedad a la práctica homosexual. De nuevo me voy a mi habitación, con un nudo en la garganta, y cada centimetro cúbico de mi ser se arrepiente de incitarte a probar cosas nuevas, de haberle regalado a otra persona mi propia felicidad.

Esa noche duermo sola, y tu duermes en la habitación de al lado, follas en la habitación de al lado. Os tocais, os tocais, os tocais. Os quereis, os quereis, os quereis.
Y yo no puedo dormir mientras os oigo gemir, y como no puedo dormir y además no me quieres pues hago lo único que se hacer en estas circunstancias: lloro. Lloro durante horas, las mismas horas que tu has estado ¿he dicho follando? haciendo el amor con otra persona. Lloro tanto que al final me quedo dormida...

A la mañana siguiente cuando vienes a verme finjo que todo va bien y te pregunto qué tal es acostarse con un chico. Le restas importancia, dices que no es para tanto, que tardas mucho más en correrte. Pero otra vez me lo has dicho con esa sonrisa de oreja a oreja...

Así es que van pasando los días, y te vas distanciando de mi, aunque todavía me dices que me quieres y yo todavía sigo fingiendo que no me importa. Pero has dejado de acariciarme, y pasas más tiempo con él que conmigo, y yo lloro todas las noches. Porque hay algo más grande y más fuerte que yo, algo que él si te puede dar, pero yo, no.






[madrugada del 13 de marzo de 2010]