30.6.10

Experiencia Nº 31

Ya sé que te has acostado esta noche con un mundo hirviendo en el pecho, sé que has sonreído y llorado sin darte cuenta de si estabas dormitando o en fase REM, sé que el colmo de tantos sentimientos se merece un par de noches tranquilas, sé que quieres tu espacio para pensar en ellos. Pero hola de nuevo, soy Caos, Niebla, Angustia, Tristeza, Inseguridad, Soledad, Oscuridad y Miedo. Soy tu Pesadilla: así es que despierta, Violeta. Porque se está resquebrajando la madera...
Abro los ojos encima de una especie de balsa de madera mal construida o una barca rota. Estoy empapada y el pelo se me pega a la cara. La tormenta es monumentalmente peligrosa en medio de tanta mar y Hagrid me grita que me levante de una vez para echarles un cable a él y a Harry. Nos vamos a pique así es que, antes de que este trozo viejo de madera se parta o nos trague una ola, vamos a tener que saltar al tejado de alguna casa. Cualquiera diría que estamos viviendo el mismo instante de un tsunami mezclado con un monzón tropical. 
Y efectivamente, salto. Y voy a parar a una casa donde la vida es gris, donde la abuela está enferma, los padres son unos abúlicos y escondemos a la hermana discapacitada para que nadie pueda verla. Dentro de todo ese filtro brumoso asfixiante alguno de mis amigos debe haberse percatado de mi malestar y deciden organizar un pic-nic en el bosque junto al pueblo -vivimos en un pueblo pequeño-. Álvaro Aguilera es quien  se cruza conmigo en el rellano de la escalera de nuestro bloque y me lo cuenta, quedamos para más tarde. Cuando salgo a la calle me encuentro a mi madre, a Álvaro y a otra poca de gente más pendiente de un gato que está apunto de caerse del quicio de una ventana. Hasta que se cae. Se cae y se hace mucho daño, y yo soy quien corre primero a cogerlo, a recogerlo, a acogerlo, a cuidar de él. Me pongo a llorar con el animal en los brazos, no sé cómo curarlo, no es que piense que las lágrimas van a sanar las heridas pero me siento tan impotente que sigo llorando. Yo no quiero que le pase nada, no quiero que le pase nada, no quiero que se muera, no quiero que se muera, así es que lo abrazo con mucho cuidado y froto mi cara con la suya por si así entiende cuanto deseo que viva.
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Voy patinando por la ribera tan torpemente que a nadie se le ocurriría pensar que llevo toda mi vida practicándolo. No controlo la velocidad ni el equilibrio, y como patino por la carretera provoco varias oportunidades de accidente. Con mucho esfuerzo llego a la altura de la Plaza del Potro.
Caballero está allí sentado en la terraza de la Ayesta con sus amigos de la hipnosis y se levanta a porculizarme un rato. LLeva una chilaba blanca, me hace un par de preguntas pero le respondo cortante porque no quiero empezar una conversación con él, no me fío una mierda...
Me quito los patines desgastados y los dejo cerca del barro, junto a la carretera. He quedado para hacer botellón con unos antiguos amigos que están en la acera del frente cruzando el asfalto. Me muevo hasta allí y encuentro a Claudio y Nerea sentados en el poyete. Nerea está muy seria, algo parece que no va bien. Cuando pregunto Claudio me señala con la cabeza donde están sentados el resto de la gente. Me acerco al resto del grupo y todos están reaccios, estúpidos y gilipollas con la presencia de Nerea. Dekar no deja de decirle que es una cría y que no es como él se la esperaba, así es que no para de intentar manipularla y meterle ideas absurdas en la cabeza. Saray y Marta la llevan criticando un rato en su cara, incluso cuando me acerco a preguntarles hablan en voz alta como si tal cosa. No los entiendo. Están todos fatal, están idos de la almendra, y por más que trato de intentar razonar siguen con esa actitud hiriente y detestable. Yo me preocupo por Nerea, esta situación es insostenible, es una puta mierda, y como se ponga a llorar va llegar definitivamente la hecatombe. Y efectivamente, llora. Porque ella tampoco lo entiende, porque lo único que ha hecho es ser ella misma y ni siquiera así es suficiente. Claudio no deja de abrazarla, hace de escudo contra todas esas palabras contaminadas, esas miradas de envidia, y recoge todas sus lágrimas mientras le susurra palabras de consuelo al oído. Yo me siento desconcertada, impotente, frustrada, y tengo ganas de gritar y de llorar. No hay célula en mi cuerpo en este momento capaz de soportar lo que estoy presenciando por parte de los que yo creía mis amigos. No hay derecho. Me pongo a gritarles a todos llorando de rabia que me siento decepcionada, que jamás lo hubiera esperado de ellos. A Marta y a Saray sobretodo les digo que son unas brujas con la lengua bífida, que tienen la sangre fría y veneno en los dientes como las serpientes, y que me dan asco. La angustia me ahoga el llanto y las palabras, no sé qué más hacer para solucionarlo, no quiero que Nerea se caiga, no quiero que vuelva a estar mal, no creo que se merezca nada de lo que está pasando. Nadie conoce una mierda de cómo es y se permiten el lujo de juzgarla. Claudio, el perfecto representante de la coherencia y la mesura nos aparta lejos de ese tumulto oscuro y nos lleva al centro de la plaza. Nerea está fatal y necesita llamar a Seci para que venga y puedan charlar. Yo empiezo a sentirme incómoda y sin decir nada me voy en busca de mis patines. Quiero salir de allí corriendo, no quiero que Seci me vea así, Nerea le necesita ahora más que yo. Me doy prisa por si llega y me ve allí pero cuando voy a cogerlos mis patines están rotos. Estupendo, no  hay manera de huir... Me escondo doblando la esquina de la Ayesta, de cara al río, y me asomo a la plaza con cuidado para ver si Seci ha llegado. Más angustia, más tristeza, este no es mi lugar. Me siento sola. Llamo a mi madre, a mi consuelo, para que me rescate, pero en el primer tono el móvil se queda sin batería. Me siento aún más sola. Ha sido un día de mierda pero no puedo derramarlo todo encima de Seci. Este no es mi lugar. Vuelvo a asomar la cabeza a la plaza, si no me voy ya Nerea le va a decir donde estoy... Pero no soy capaz de hacer nada, me quedo allí mirando a la Ribera, llorando por muchas cosas. Sobretodo porque pronto me iré a París. En todo este rato desde que llegué al botellón se ha terminado haciendo de noche... Algo brilla tímidamente en el cielo, una estrella fugaz que cruza la ribera de punta a punta, lo suficientemente lenta como para darme la oportunidad de pedir un deseo. Recuerdo que en San Juan pedí que se arreglara la relación con mi madre muy a mi pesar de dejar a Seci en un segundo plano. Pero esta vez no, esta vez le pido a él, pido que lo que sentimos no se rompa y que salga todo bien. Porque aunque ahora esté aquí escondiéndome detrás de una esquina él puede ser la razón de mi felicidad, él puede hacerme feliz de verdad. Al igual que a esa estrella fugaz, puedo elegirle, o puedo dejarle pasar. Y entonces aparece doblando la esquina con la ropa que suele llevar en los sueños donde más le quiero, una vez más... como no podría ser de otra manera.
[soñado la madrugada del 30 de junio de 2010...] 

2 dejabus:

Anónimo dijo...

"Nadie conoce una mierda de cómo es y se permiten el lujo de juzgarla."

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Violeta Cejas dijo...

Es solo un sueño, así es que vamos a dejar a un lado las sentencias lapidarias.

Que coraje me dan los cobardes que comentan en Anónimo...

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