16.3.10

Experiencia Nº 27

El sol radiante de una mañana de primavera me despierta tumbada en el porche del patio común de mi casa. Hmmmm, el sol, cuánto tiempo sin que me acariciara la cara... 
¡Anda, mira! Justo a mi lado hay una pelota saltarina azul del tamaño de una naranja. De repente cae otra verde del cielo. ¿Hum? Y a los pocos segundos cae otra de color rojo, y luego otra naranja, y otra amarilla, y otras dos o tres azules, y una rosa; y dos verdes, una amarilla y otra naranja, y empiezan a botar y a repartirse por todo mi patio igual que en el spot de Sony Bravia cuando las pelotas cubrían las calles con montones de lunares de colores.
Entro corriendo en casa para enseñarle a mi madre lo que está ocurriendo.

(Estoy segura de que este sueño es una asociación entre la lluvia de huevos que me contaron  anoche Seci y Anselmo, el spot de las televisiones Bravia y el sol despertándome de verdad por la mañana... xD)
____________________________________________________________________________________


Vivo (no se por cuánto tiempo) en la habitación de algo parecido a una residencia junto con otra chica (que por lo visto es una gran amiga). Si abro la puerta de mi humilde morada voy a parar a otra habitación compartida, y así debo de pasar por unas cuantas hasta poder llegar al cuarto de baño y más adelante a la "calle", donde desde fuera el edificio en el que vivo parece una nave industrial prefabricada en medio de ningún sitio, porque realmente no sé lo que hay al rededor, sólo conozco el patio exterior con suelo de cemento delimitado por enormes puertas de chapa. A veces creo que vivo en una cárcel.

A ti, acabo de conocerte, pero ya te quedas todas las noches a dormir. Al principio era por gusto pero ahora se parece más a una necesidad, mi alma no se queda en paz si no te abrazo por las noches y me acurruco sobre tu pecho.
 
Hablamos, hablamos tanto que me cuentas que nunca has besado de verdad a otro chico. Yo, sorprendida y entusiasmada te incito a que lo hagas con el próximo chico que veas y que se fije en ti. Tu te muestras bastante reticente así es que la conversación se queda en el aire, pareces tener muy claras tus preferencias sexuales.

Esa misma tarde salgo a tomar el sol al patio de la "carcel", y al volver te encuentro en la habitación contigua a la mia comiendote la boca sulfuradamente con uno de los chicos que viven en la residencia. Vosotros no os inmutais cuando yo paso delante vuestra y me quedo mirandoos, teneis los ojos tan cerrados y estais tan concentrados el uno en el otro que dudo siquiera que oigaís más allá del chapoteo de vuestras lenguas.

Me voy a mi habitación  y pienso en lo que he visto, jamás había sentido tanta envidia al ver a dos personas besarse, a mi no me besas así aunque me desmuestres todos los días que me quieres. Porque yo sé que me quieres, sé que me tienes cariño, pero esa pasión... Esa pasión no es mía, ¿por qué?

Al cabo de un largo rato entras pletórico en mi habitación, yo te pregunto cómo ha sido, qué has sentido, si te ha gustado. Me dices sonríendo de oreja a oreja que ha estado bien, pero que no es para tanto, sólo una experiencia más. Yo finjo que me lo creo y te sonrío con supuesta aprobación.

Al día siguiente, al volver del patio te veo otra vez con ese chico. En la ducha, con la cortina descorrida, delante de todo el mundo. Interesante forma de quererse sin tapujos. No parais de reiros y de acariciaros, de restregaros el uno contra el otro, de frotaros, limaros y deshaceros de cada típico tópico impuesto por la sociedad a la práctica homosexual. De nuevo me voy a mi habitación, con un nudo en la garganta, y cada centimetro cúbico de mi ser se arrepiente de incitarte a probar cosas nuevas, de haberle regalado a otra persona mi propia felicidad.

Esa noche duermo sola, y tu duermes en la habitación de al lado, follas en la habitación de al lado. Os tocais, os tocais, os tocais. Os quereis, os quereis, os quereis.
Y yo no puedo dormir mientras os oigo gemir, y como no puedo dormir y además no me quieres pues hago lo único que se hacer en estas circunstancias: lloro. Lloro durante horas, las mismas horas que tu has estado ¿he dicho follando? haciendo el amor con otra persona. Lloro tanto que al final me quedo dormida...

A la mañana siguiente cuando vienes a verme finjo que todo va bien y te pregunto qué tal es acostarse con un chico. Le restas importancia, dices que no es para tanto, que tardas mucho más en correrte. Pero otra vez me lo has dicho con esa sonrisa de oreja a oreja...

Así es que van pasando los días, y te vas distanciando de mi, aunque todavía me dices que me quieres y yo todavía sigo fingiendo que no me importa. Pero has dejado de acariciarme, y pasas más tiempo con él que conmigo, y yo lloro todas las noches. Porque hay algo más grande y más fuerte que yo, algo que él si te puede dar, pero yo, no.






[madrugada del 13 de marzo de 2010]









1 dejabus:

Secilla! dijo...

Y los sueños sueños son =)

Publicar un comentario