Debo de haber comido, bebido o respirado algo que me provoca erupciones en la piel. Los brazos empiezan a picarme cada vez más y las rojeces se convierten en eczemas fuera de lo normal.
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Valencia, cualquier día templado de verano. Es temprano.
Agustín, Male y yo vamos en el tranvía que cruza el río para llevarnos de una parte a otra de la ciudad. El sol recién amanecido se refleja como un espejo donde se junta el agua dulce con el mar. Mientras miro el horizonte el tranvía se empieza a inundar, no me preocupa en exceso por el bajo nivel del río y la ausencia de cristal en las ventanas. Estando sentada el agua para de entrar cuando está casi cubriéndome las rodillas. En fin, chasqueo la lengua y me dispongo a saltar la ventana mientras pienso otra manera de continuar mi ruta.
Se hace de noche. Estoy en una torre tubular, una parada de metro con un ascensor vertical. En el rellano hay mesas con ordenadores dispuestas a satisfacer a todo aquel que se quiera parar. Estoy esperando a mi madre pero se me hace tarde y he quedado con Andrés…
Vuelve a ser de día otra vez. Paseo con Andrés por Valencia mientras nos contamos nuestras vidas y encontramos sentimientos comunes que no nos podíamos imaginar.
[soñado cuando ya es 6 de enero de 2010]
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